Entre el ser y el querer ser: una nueva visión

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Vivimos en un mundo de polaridades. No solo geográfica (hemisferio norte-hemisferio sur), sino existencial (vida-muerte) y emocional (amor-dolor, tristeza-alegría, cobardía-valor…). Obviando la territorial, que puede alterarse a conveniencia, las otras no. No podemos escapar de la muerte ni del dolor, aunque los humanos tenemos la tendencia a intentar retrasar esos momentos, de manera fallida claro está.

Nos han hecho mucho daño vendiéndonos una imagen de felicidad, de alegría permanente. Esa idea vive en el inconsciente colectivo, pero es imposible, por lo de permanente. La mayoría de los seres humanos -que desearían vivir en ese extremo- se sienten mal tratados por la vida, pensando que son castigados por Dios o el destino al no estar en ese mundo fácil y bonito de películas, series de televisión y publicidad. No hay que perder de vista que eso es fantasía, ilusión, y el otro polo es la realidad. Y realidad es lo que cada quien vive. No todas las realidades son iguales porque todos somos diferentes.

Cuántas personas hay con tu número de cédula? Así como es única tu cédula, es única tu realidad, aunque te guste más la realidad de otra persona. Esa es la tuya y no la puedes intercambiar. El culto a querer estar solo en el lado colorido de la vida genera frustración y resistencia a aceptar lo que se vive. Esto no es amable con las personas.

Hay que aceptar que la vida también tiene negro y grises, y que todos los vivimos, cada quien según su realidad. Si el mismo empeño que se pone en mitificar la vida rosa se pusiera en enseñar el provecho que tiene adentrarse en las profundidades, las cosas serían diferentes. Seguramente no habría tanta decepción ni desencanto, porque al aceptar y comprender las situaciones que causan dolor, sufrimiento, pesar, también se vería que no están en la vida por azar.

Hay que recordar que no somos solo cuerpo (de aquí el deseo por el disfrute constante), también somos espíritu y estamos aquí aprendiendo (de aquí las experiencias dolorosas). Por eso no podemos escapar de ellas.

La importancia de lo que no se ve

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¿Desde cuándo no te haces una limpieza espiritual? ¿Sabías que tu alma, así como tu cuerpo físico, necesita ser “aseada” periódicamente? Pues sí. El ser humano está rodeado por un campo energético que se llama aura. A través del aura se puede apreciar el estado de nuestro mundo interior. De hecho hay una cámara -inventada por los esposos Kirlian- que puede fotografiar ese halo ovoide, ya que no es detectable a simple vista.

Pero aunque no se vea, el campo áurico es muy importante porque es una combinación de nuestros cuerpos: etéreo, físico, mental y emocional más el alma. Por si fuera poco está ligado a los centros energéticos llamados chakras. Así que el buen estado del aura es imprescindible para un bienestar integral. Sin embargo, no es una tarea sencilla.

Su vitalidad depende de la calidad de nuestras emociones y pensamientos. Si estamos en equilibrio emocional tendremos un aura fortalecida, pero si la vibración es de miedos, ansiedad, tristezas, rabias y afines, el aura se debilitará. Por ser inmaterial nuestra aura interactúa con la de cualquier persona que esté mínimo a 30 cm de distancia; sí, treinta centímetros, y se puede “contagiar” con ellas, para bien o para mal.

Cada vez que nos conectamos con pensamientos negativos (o con personas que vibran en esta frecuencia) en nuestra aura se forma una especie de capa compacta que nos bloquea a nivel energético, dificultando su flujo normal. Esta densidad impide que el organismo funcione correctamente, generando malestares físicos.

Algunos síntomas de aura debilitada: dolor de cabeza/pesadez (específicamente en la zona de la corona), fatiga constante sin razón aparente, escalofríos, párpados caídos, pesadez en los hombros, sueño durante todo el día, falta de concentración, irritabilidad, apatía, entre otros.

Como la energía no conoce de fronteras, no necesitas desplazarte a ningún sitio para recibir el beneficio. Si estás interesad@ en hacerte una limpieza áurica me puedes contactar por esta vía o por mi correo: milagrossantana@gmail.com y notarás la diferencia.

La incómoda comodidad

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Hay veces que hacemos “cosas” sin saber conscientemente para qué las hacemos. Esto aplica para con un@ y para con los demás. Estos comportamientos irreflexivos encierran un llamado de atención que no es recomendable pasar por alto.

Darse cuenta no es tan complicado. Pon atención a cómo te sientes al hacer cada cosa en tu día a día. La respuesta de tu sentir te indicará si estás actuando a gusto o en contra de tu voluntad. También el nivel de vitalidad será un indicador. Si estás cómod@ con lo que haces tendrás buena energía; si lo estás haciendo por razones inadecuadas, te irá faltando y con el tiempo llegará la apatía total.

El otro paso es darse cuenta para qué se está haciendo algo que nos genera malestar. En esa respuesta está la causa y por ende el trabajo que debemos emprender. Querer cambiar para sentirse mejor es una decisión personal. A veces se quiere pero no se sabe. En esos casos es válido solicitar ayuda.

Enciende tu luz

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Hay veces que todo se nos pone oscuro, pero esas situaciones son pruebas para aprender a tener confianza en un@ mism@ y en Dios. En esos momentos difíciles hay uno o muchos miedos escondidos, pidiendo ser identificados para poder liberarlos. Ese es el trabajo individual, explorar en nuestro interior para entender qué es lo que nos está frenando. Esto también ocurre en lo colectivo, pero a la final igual tiene que ver con lo individual, solo que está amplificado.

Si no conocemos cómo opera el miedo en nosotros seremos presa constante de nosotr@s mism@s, porque él suele adoptar distintas formas para que no lo “descubramos”. Si no deseamos verlo (porque sabemos que vamos a tener que hacer algo que creemos que no podemos hacer) no lo veremos. Este es el punto en que nos auto engañamos y nos argumentamos para convencernos que todo está “bien” como está.

Esa jugada puede funcionar por algún tiempo. Llegará el momento en que no podrás mentirte más. Aunque no te atrevas a trabajar en tu miedo, sabrás que está ahí y que en algo te está frenando.

Sabemos que no es fácil, si lo fuese no sería el camino a la expansión de la conciencia, pero sí es posible. Es posible en la medida que cada quien se decida y se comprometa a hacer su parte, a encender una luz en su oscuridad. Con un poco de luz se avanza con más seguridad que a tientas. Hay muchos recursos para iluminar el camino, pero todos implican trabajo y todos requieren de nuestro compromiso con nosotr@s mism@s para seguir. Es tu decisión.

¿Tiempos difíciles o tiempo de ser ?

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Los tiempos siguen cambiando, las viejas estructuras cediendo, los patrones sólidos fracturándose, las energías impulsan las transformaciones, y todos somos llamados a dar los pasos necesarios para avanzar en medio de la turbulencia. Turbulencia que se potencia cuando no sabemos cómo ir a donde tenemos que ir.

El dónde es individual porque dependerá de tu propósito y misión de vida, pero el cómo sí es vox populi. Lo que pasa es que la premura, la ansiedad y los miedos pueden llevar a destinos equivocados. La sensación de estar donde no nos corresponde es incómoda. El alma lo siente y por eso se inquieta y por eso hay que volver a emprender el camino. Este ciclo se puede hacer muchas veces, quizás ya lo has experimentado o quizás no sabes cómo detenerlo. Hay que despertar, salir de la inconsciencia.

Es momento de aquietarse, de escucharse, de sincerarse, de respetarse y de reconocer(se). Siempre se está empezando y siempre se está terminando, pero aún así no se está en el mismo lugar aunque parezca. Date cuenta realmente dónde estás, lo que has hecho, lo que has dejado de hacer, lo que en verdad quieres. Recuerda tus argumentos, si se mantienen vigente o hay que ajustarlos. Hazlo. Confía. Sigue.